Primeros encuentros

Mujeres desbordadas cuenta las historias de 5 chicas que por unos motivos u otros cruzan sus vidas en Punta Cana. Cinco mujeres tan diferentes y tan iguales a la vez, he unido las diferentes situaciones y conversaciones de este grupo de mujeres valientes, madres, esposas, amigas, luchadoras, yo simplemente me remito a redactar lo que cada una de ellas vive y siente en sus días en el caribe, sus trabajos, sus maridos y las distintas peripecias que les ocurren cada día,. Porque la vida en el caribe es muy diferente a como la gente se cree y en los próximos capítulos lo podrás comprobar.

Dicen, que cuando dos mujeres se juntan a tomar café no hay quien las haga callar. Así que, imagínate quien silencia a cinco, que se juntan a beber mojitos toda la tarde en la piscina al menos un día a la semana, van bebiendo uno tras otro, mientras se cuentan sus alegrías y penurias semanales.

Y aunque esta historia de este grupo de amigas discurre en Punta Cana, todo comenzó hace unos años, no muy lejos de aquí, cuando Linda decidió mudarse, dejando atrás su pueblecito en Puerto Plata.
Linda, es la más joven de este entrebesado grupo y la que más tiempo lleva viviendo en Punta Cana, si contamos “claro” desde que se mudó por primera vez.
Hace poco se compró (como ella dice) una caprichosa casita de doce habitaciones, en el residencial privado más lujoso en Punta Cana. Algo que ni loca pensaba conseguir ni en sus sueños más profundos, cuando de adolescente decidió abandonar su pueblito, su familia y su hogar, dejando todo atrás para fojarse un futuro con su primer y único amor, el hombre de su vida, ese mismo hombre que ahora mismo odia desde lo más profundo de su ser. Nunca jamás pensó que se podía querer tanto y tan fuerte como había querido y defendido a aquel desgraciado. Como ninguna llegamos nunca a saber muy bien el porqué una mujer tan chiquitita y tan divina como ella podía llegar a odiar a nadie como odiaba a ese hombre.

Ahora Linda, después de los años, se ha convertido en una de las más cotizadas y respetadas mujeres en su área. Ella es la número uno en conseguir las obras de arte más complicadas, cuadros y piezas de coleccionista únicas, lo que quieras, ella lo consigue, como galerista y corredora de arte es única, es la mejor!
Y si a esto le unes su gran pasión como diseñadora de joyas, ahí tienes a la gran dama que todo el hombre desea.

Hace apenas un mes que se mudó y ya está añorando a su gran amiga Mabel, su confidente mas fiel. Ellas dos fueron vecinas por más de tres años y aunque al principio no se soportaban ha  acabaron por ser uña y carne, inseparables.
Mabel junto con su familia sigue viviendo en el mismo apartamento que estaba pegado pared con pared con el de Linda. Empezaron con mal pie, a pesar del gran recibimiento que Mabel le aportó el primer dia llevándole su famoso bizcocho de nuez a modo de bienvenida, la respuesta de la vecina no fué la esperada, ya que ni siquiera se dignó en salir a la puerta a recibirlo.
Un hombre grande y con cara de pocos amigos abrió la puerta del apartamento casi al mismo momento que Mabel llamaba, como si estuviese esperando por ella. Sin más,le agradeció el gesto del bizcocho y le cerró la puerta en las mismísimas narices. Esto no le gustó nada a Mabel, quien era aquel tipejo para cerrarle la puerta a ella? Es que ya no existe la cordialidad?
Está bien, pensó, quizás sean extranjeros y no guardan las mismas tradiciones, así que se dió la vuelta y volvió a su casa esperando que al dia siguiente, la nueva vecina viniese a devolverle la bandeja de Limoges con la que portaba el delicoso bizcocho.
Pasaron los días pero ni rastro de la bandeja prestada… Mabel pensó de todo, será que le gustó tanto la bandeja a la nueva vecina que se la quedó, o quizás el hombre grandote se comió su delicioso bizcocho y no se lo dijo a ella, o quizás le rompiese y no sabía como decírselo? Cuántas preguntas sin respuesta.
Esos días Mabel estuvo atenta a los movimientos de la casa, curioseaba tras la cortinas haber si conseguía ver a la vecina y así recuperar su bandeja , pero nada ,no había manera, la vecina ni entraba, ni salía y lo más extraño es que el señor grandote tampoco.
Y pensando, en el señor grandote… tenía que ser su marido, quien si no, o quizás, su hermano. El caso es que la vigilancia desde el salón no era eficiente, había que pasar entonces al plan B.
Así que a la mañana siguiente bien temprano Mabel se puso su ropa deportiva y salió a correr por la playa como cada día una hora y media, el tiempo justo para regresar a casa antes de que sus mellizos se fuesen para el colegio. Pero hoy sería diferente, hoy regresaría antes, estaba convencida que la vecina le estaba observando para no cruzarse con ella y así no devolverle su bandeja.
-seguro que le ha gustado y se la quedó – le cuenta a Sebas.
-y por que no vas y se la pides? Es así de sencillo -le contestaba él intentando que entrase en razón una vez más…y es que cuando a su mujer se le metía algo en la cabeza era difícil quitárselo de una vez.


Sebas , ya estaba mas que acostumbrado a que su amada esposa montase un drama de cualquier minudencia, después de tantos años ya era hasta regular y normal que Mabel montara un melodrama por cualquier cosa. Y ahora, desde el nacimiento de los mellizos, era todavía mas exagerada, esta manía persecutoria que parecía sufrir hacia la gente desconocía.
Estaba seguro que a Mabel la bandeja le importaba más
bien poco, era más el hecho de que la vecina no saliese a abrir la puerta para expresarle su gratitud y que no hubiese devuelto la visita para alabar el riquísimo bizcocho de nueces de su querídisima esposa.

Mabel regresó antes para toparse con la vecina o con el grandullón, pero al parecer ni uno ni otro se había levantado aún, ya que en la casa no se veía movimiento o ruido alguno.
Se acercó al ventanal de la cocina, haber si podía ver algo más, pero nada de nada…todo limpio y recogido como si allí no viviese nadie.
-desde luego – pensó- al menos tendremos suerte porque que son muy sigilosos.
en vista de que no conseguiría su propósito se separó de la ventana para regresar a su casa y al darse la vuelta… zas!!
-Buenos días señora García, le puedo ayudar en algo? – Una voz ronca le hablaba de frente.

Ostras! que vergüenza, el hombretón estaba allí plantado mirando para ella con esa cara de pocos amigos. Era tan alto que tapaba el sol que comenzaba a brillar y parecía que estaba oscureciendo el día en vez de amaneciendo.

Con el cambio de luz Mabel se quedó por un momento sin visión, apretó los ojos y tampándolos con una mano a modo de visera, consiguió enfocar de nuevo y reconocer que el hombretón iba vestido de manera peculiar, con una visera tipo policía y un traje azul marino que se asemejaba a un botones de hotel.
Tal seria su cara de estrañeza que el señor volvió a preguntar
-señora García esta usted bien?

Bueno algo tenia ya claro, que el tipo lo que tenía de grande lo tenía de educado, así que seguro él no se había quedado con su bandeja.
-si siisi estoy bien gracias -titubeó, aun reponiéndose del susto – yo estaba aquí , mirando…bueno viendo..bueno, realmente, venia a pedir un poco de azúcar, que se me ha acabado y claro.. ya usted sabe.- todavía le temblaban las piernas.
-uy perdon la asusté? He sido muy brusco lo siento, es que acabo de llegar para buscar unos trajes de la señora y al verla en la ventana, pues… la asusté? Sepa disculparme, he sido muy torpe… Acompáñeme y le doy azúcar, faltaría más. así le entrego la bandeja del otro día, que no he tenido ocasión de devolverle.- Zasca! Mabel se le subieron los colores de repente, un calor le subía por las mejillas, que a pesar de su tez morena estaba segura que él se lo había notado.
-Ostras!-pensó- No se la habían quedado, siempre pensando mal, haber ahora como le explicaba a Sebas que una vez más, él tenía razón.

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